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El Diseño del Mundo

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El Diseño del Mundo | Franko Pellegrini
Sintesis
La forma en que me voy a vestir al día siguiente. El método que uso para preparar café por la mañana. El recorrido que elijo para ir a trabajar. La forma en que organizo una presentación para la universidad. La estrategia de marketing de un nuevo producto que sale al mercado. Escribir un libro o la planificación de una campaña política. Todos estas situaciones son, o pueden ser diseñadas.

El diseño del mundo propone una concepción holística del diseño demostrando que es un proceso que va más allá de una disciplina. Está presente en nuestras vidas consciente o inconscientemente.
Ampliar la mirada para entender el detrás de escena de nuestras interacciones y experiencias cotidianas nos va a permitir encarar los problemas desde una perspectiva diferente y generará oportunidades para mejorar nuestro entorno.
Izando las banderas de la simpleza, la empatía, el pragmatismo y la flexibilidad; la intención es hacer visible lo invisible reflexionando y brindando herramientas útiles. Analizar y conocer cómo se configura aquello que vivimos es la mejor forma de encontrar oportunidades y proyectar mejoras en nuestro día a día ya sea a nivel personal como profesional.

¡Lee la introducción!

Franko Pellegrini
Franco Pellegrini (Buenos Aires, 1986) es diseñador, mentor y profesor especializado en el diseño de productos y experiencias.

Estudió diseño gráfico como carrera de grado (UADE), hizo un MBA (UADE) y obtuvo un doctorado en Comunicación (UNLP), además de un posgrado en diseño comunicacional en (UBA).
Hace años es mentor de Google for Startups Accelerator y en Stanford Latino Entrepreneur Leaders Program. Dicta clases en la Fundación UADE y seminarios en diferentes universidades. Combina su formación académica con más de 15 años trabajando para empresas como Mercado Libre y Banco Galicia, y para marcas world class en agencias como GREY / G2 del grupo WPP entre otras. Ama solucionar problemas y casi siempre usa remeras grises.
Franko Pellegrini

Capítulos

“Mi historia de amor con el café”, aparte de demostrar que esta bebida es mi combustible, esboza la idea de que detrás de todo diseño existe una consecuencia emocional. Toda experiencia genera una emoción o un sentimiento. Esta experiencia puede ser positiva o negativa, pero en la relación que tenemos con un objeto, un servicio, o en cualquier interacción con personas, empresas o instituciones, esto es un hecho. Poder observar y ser conscientes nos permite tener una conexión mucho más cercana con lo que hacemos y con lo que vivimos. La empatía resulta un diferencial y una ventaja no solo al momento de entender a las personas por las que vamos a resolver un problema mediante diseño, sino para pensar cómo relacionarnos de una mejor manera.
“Bailando en el Apple Store”, además de demostrar que soy un gran admirador de todo lo que rodea a la marca, conecta con la otra parte fundamental y constitutiva de toda experiencia: la consecuencia conductual. Básicamente cómo actúan las personas ante determinada situación. Si bien se relaciona con los comportamientos y los hábitos, discernir cómo se pueden diseñar procesos y cuáles son los modelos mentales de las personas nos puede ayudar a entender por qué hacemos lo que hacemos y, sobre todo, a pensar cómo podemos mejorar lo que viene dado.
“El propósito de los rulemanes” es una metáfora muy potente que nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos. No existe un diseño sin un propósito, sin una intención, pero sobre todo sin un objetivo claro. Si pensamos que el diseño resuelve problemas, es fundamental entender, indagar y asegurarnos que el problema que queremos resolver es el correcto. El propósito es clave para entender hacia dónde nos dirigimos y es necesario conectar con los objetivos para que el motor se mueva. Tener un propósito claro da una razón y explicita el aporte a algo que es más grande que la tarea en sí misma. Diseñar un propósito es una de las tareas más desafiantes y enriquecedoras porque marcará lo que una persona, o un grupo de personas, hará hacia delante.
“Cómo diseñar una ciudad” invita a imaginar el futuro. La idea es profundizar sobre la proyectualidad que tiene un proceso de diseño. Es decir, la capacidad de trazar un camino para que algo suceda. Armar el plano para construir la casa, armar el esqueleto para sostener la experiencia. Es clave que lo imaginado pueda traducirse en algo real. Pensar las diferentes variables, los escenarios posibles y las reglas que configuran el entorno sin duda nos ayudará a pensar mejores planes.
“La carrera por el espacio” focaliza en la ejecución. Decir que es necesario bajar del plano de las ideas al de la acción es fácil, lo difícil es hacerlo. Grandes objetivos requieren no solo de grandes planificaciones, sino de una ejecución excelente. Ejecutar bien es un arte que parece estar perdido en la marea de ideas. Personas o equipos que hagan su tarea con devoción y excelencia no sobran. Agudizar la mirada en este sentido y enaltecer el hecho de hacer lo que se debe hacer con grandeza es un valor inmensurable. Como vivimos de experiencias, cuando algo es hecho con amor y cuidado no pasa desapercibido.
“Diseñando un relato” ayuda a conectar el campo de la comunicación con el del diseño. Deja a la vista que hasta la naturaleza tiene algo para decirnos y que definitivamente todo comunica. Presenta el concepto de narrativas interactivas y explica cómo podemos utilizar el diseño para conectar experiencias y contenidos en una red compleja de interacciones ecosistémica.
“Diseñando el universo” es un capítulo para volar. Si bien profundiza en el proceso cognitivo del diseño, nos invita a reflexionar sobre en qué debemos pensar para diseñar un nuevo entorno. A su vez, llama la atención sobre los desafíos de diseño que implica crear nuevas formas de relacionarse e interactuar, como por ejemplo el metaverso.
Por último, “Taladrar la cerámica” es el epílogo y cierre de este viaje. Un recordatorio de que se puede fallar, de que las cosas pueden salir mal. De que, aun contando con una planificación excelente y con alternativas por si algo sale mal, es posible fallar. Aprender del error, equivocarse, caerse y levantarse rápido son la manera de iterar en la vida. La resiliencia es la mejor aliada en todo proceso de diseño, que, pese a todo, es un proceso de aprendizaje y mejora continua.
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